Boris Pilniak – Varios Relatos y Cuentos Cortos

El Milenio
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El Milenio

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El hermano llegó tarde y esa misma noche habló con Viliachov. Konstantin entró con el kepí en la mano, la casaca abotonada hasta el cuello; alto, delgado. No encendieron las velas. Hablaron poco. Konstantin salió enseguida.
-Murió en silencio, tranquilamente. Creía en Dios. ¡Imposible que pudiera romper con el pasado! A su alrededor hambre, escorbuto, tifo… Los hombres: fieras. ¡Qué tristeza! Ya lo ves, vivo en una isba. Nos quitaron la casa. Ahora es de otros, ¡tan extranjeros se sienten ellos como nosotros!

Pedro, su Majestad, Emperador y otros relatos
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Pedro, su Majestad, Emperador y otros relatos


¡Oh Rusia, pobre Rusia mía!
Tus isbas grises, sin color,
Tus canciones que lleva el viento,
Son como el primer llanto de amor.
Aunque se te ilusione y se te engañe,
¡no morirás, no puedes morir!
A. Blok

“Ya que el Estado, como lo han demostrado los franceses, es, de todas las artes, la Armonía, no sólo materiales, sino también las de espíritu, yo pienso que Su Majestad Piotr Aleksiéievic sólo perniciosos efectos ha causado al Estado Ruso, porque el Gobierno, es decir, la política, no es disolución. Habiendo yo estado muchas veces en Venecia, en París y en las tierras de Flandes, no puedo apartar el pensamiento de mi patria.


Relatos
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Relatos

LA CIUDAD DE ORDYNIN

En la puerta principal del Kremlin de la ciudad estaba escrito (ahora la inscripción ha desaparecido):
¡Guarda, Señor, esta ciudad
y a sus moradores,
y bendice a quienes
crucen esta puerta!

CAOBA

Mendigos, visionarios, indigentes, peregrinos, plañideras, santones, lisiados, adivinos, profetas, imbéciles, dementes, mentecatos, “inocentes”, todos ellos formaban las variantes necesarias a la vida cotidiana de la Santa Rusia; mendigos errabundos sobre la piel de la Santa Tierra Rusa; visionarios, peregrinos y pobres por el amor a Cristo, mentecatos e “inocentes” por el amor al Cristo de la Santa Rusia; tales especies han condimentado la vida de Rusia desde sus orígenes, desde los tiempos del primer zar Iván y han engalanado un milenio de vida rusa.

UN CUENTO SOBRE CÓMO SE ESCRIBEN LOS CUENTOS

Conocí en Tokio por casualidad al escritor Tagaki-san. Nos presentaron en un círculo literario japonés, aunque después no volvimos a vernos; he olvidado las pocas palabras que allí intercambiamos, y de él sólo me quedó la impresión de que había estado casado con una rusa. Era verdaderamente sibuy (sibuy en japonés equivale a chic; su sencilla elegancia era algo que muy pocos logran poseer); extraordinariamente sencillos eran su kimono y sus ghetta (esa especie de coturnos de madera que usan los japoneses en vez de zapatos), llevaba en la mano un sombrero de paja, sus manos eran bellísimas.

Boris Pilniak – Varios Relatos y Cuentos Cortos

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