Saray Gil Diaz – Serie Sumisas

Serie con contenido erótico, Sexo explícito, Bondaje y sumisión

01 – Sumisa de cinco leones

01 – Sumisa de cinco leones

Sonia, una rica heredera de lo más prepotente y superficial acude a la boda de su mejor amiga María con tres ricos hombres de negocios, sin creerse aún su idílico romance cuando la sientan con cinco ricos jeques que dicen ser sus amos, pero ¿Qué esconden estos hombres? que casi todas las noches desaparecen

¿Crees en los ricos cambiantes?

Sonia no creía, hasta que ve en la mirada de un león los ojos de los hermanos Asad.

02 – Sumisa de siete tigres

02 – Sumisa de siete tigres

Cuando Nerea viaja a Rusia a trabajar lo que menos puede esperar en la vida es que su viaje puede convertirse en todo menos en algo relacionado a lo laboral. Cuando la despiden en su empresa y los siete rusos más sexys, tatuados hasta los dientes y dominantes, se obsesionan con ella hasta el punto de hacer cualquier cosa por tenerla entre sus garras.

Nerea corría por las calles de la plaza más famosa de Moscú en el barrio comercial conocido como Kitay-gorod . Corría lo más rápido que podía por los 330 metros de largo que tenía y otros dos kilómetros más que tenía que correr en unos inmensos zapatos negros que no estaban hechos para correr. De la nada escucho un rugido que sintió como si el León más grande de toda áfrica fuese a saltar sobre ella, avanzó más rápido, tropezando con los adoquines mal puestos, miró sus pies y justo a su lado tenía un enorme tigre que la hizo saltar del susto cayendo de nalgas al suelo, suspiro de dolor acariciando sus nalgas y miró al animal de unos preciosos ojos verdes, sintiendo su cuerpo estremecerse, el animal se acercó, se agachó como un gato para tirarse jugando sobre ella, la reacción de ella fue lanzarle un guantazo que una mano paró casi cuando rozaba al inmenso tigre, miró arriba y los ojos grises de Alek Damikoich la miraban con furia en los ojos y el rostro contraído de furia.
-¿Pretendías abofetear a un tigre?

03 – Nunca juegues con los cambiaformas

03 – Nunca juegues con los cambiaformas

Carla es una mujer obesa adicta a las hamburguesas y la comida chatarra, dietista de famosos deportistas acaba de terminar su último contrato, cuando viaja a ver a su padre tres boxeadores que están dispuestos a compartirla tratan de contratarla, pero al negarse ellos enfurecen, llaman a todos los deportistas del mundo y la hacen verse sin un trabajo a largo plazo. Pero ellos no conocen bien a Carla, ni Carla a ellos.

 04 – Sumisa de tres minotauros

04 – Sumisa de tres minotauros

Krystal trabajaba para Malik como empleada de hogar, entraba y salía de la mansión cuando quería, mientras que no le molestara demasiado a él no le importaba, hasta que llegaron los señores minotauros, tres imbéciles que llenan la casa de preservativos y le ponen un horario absurdo lleno de exigencias. Pero lo malo llega cuando incumple las normas del mundo de los cambiantes, junto a una amiga se adentra en uno de los locales secretos donde ellos tres la encontraran y arrastraran hacia un mundo de placer, pero alguien los vigila y quieren arrebatársela.

05 – Sumisa de cinco osos polares

05 – Sumisa de cinco osos polares

Grace es una hermosa y curvilínea mujer de cabello rojo sangre que trata de huir de su matrimonio con un hombre al que amaba, lleva demasiado tiempo escondiéndose de él, cuando llega a la remota Alaska no puede imaginarse que cinco cambiantes la desean echar de donde vive, cueste lo que cueste, salvo por una cosa que no contaban, el amor

 06 – Sumisa obligada

06 – Sumisa obligada

Elena es una mujer normal y muy trabajadora llamada por una empresa de empleo temporal accede a trabajar de camarera una noche en el hotel más lujoso de Madrid, lo que no espera de esa noche es que seis ¿hombres? se obsesionen por ella hasta el punto de querer matarse, secuestrarla o darle unas citas increíbles, pero ella no cree en el amor para siempre y menos entre unos hombres que se obsesionan con ella como unos animales o seres de otro mundo, ¿O sí?

 

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07 – Sumisa de Cuatro Pegasus

07 – Sumisa de Cuatro Pegasus

Gloria no podía creerse como el maldito Pleyton Pegasus y sus tres hermanos le habían quitado a su mejor empleada y joder que si le importaba, no pudo evitar ir a verlos, insultarlos, despreciarlos y arrojar todo lo que sentía por unos niños bien que habían heredado todo lo que tienen y no sabían lo que era luchar por ganarse la vida, pero ellos se sienten dañados al escuchar sus palabras, traman una gran venganza contra ella, a pesar de que la desean y sus cuerpos claman por poseerla, en un mundo donde muchos cambiantes son millonarios y poseen todo lo que desean Gloria se verá arrastrada, azotada, doblegada y sometida a cuatro de ellos.

 

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08 – Hijas del Enemigo

08 – Hijas del Enemigo

Kenai Gora, ese es mi nombre, me paseo por la parte segura de la ciudad de Nueva York, donde los cambiantes poseemos alrededor de cuatro manzanas, mi pierna derecha duele, un cambiante no debería sufrir éste tipo de dolor, pero pensar que casi la pierdo en uno de mis últimos partidos me ha hecho recapacitar mi retirada de la liga de fútbol americano, me detengo delante de una lujosa joyería, viendo a cambiantes dragones por todas partes, recogiendo en una enorme caja fuerte todo, si existe algo que agrade más a un dragón que tener toda su riqueza bajo su cuerpo es una hembra, justo encima de esas joyas, envuelta en ellas mientras la monta, es increíble la ceguera que llegan a desatar por tener bajo sus casas un cementerio de tesoros incalculables. Sigo mi camino tras asentir hacia ellos, tengo solo como una hora para estar tranquilo, sin que mis hermanos tengan el ojo sobre mí, un bar de cambiantes llena mis fosas nasales y llego a Krystal, un restaurante que lleva la propiamente dicha por el nombre del local, tan temprano en la noche que está casi vacío y yo consigo escabullirme en una mesa lejana, dejo el tiempo correr entre la cena, dándome igual pasar un dolor estomacal por el empacho, saco mi teléfono móvil del bolsillo de mi pantalón y entro en las redes sociales hasta ver las fotos de la última humana con la que me enredé por un tiempo, no puedo evitar comenzar a leer la entrevista que ha dado por medio millón, simplemente vaga hacia mí la palabra impresionante, sarcásticamente miro hacia la pantalla, si ella supiera que entré en su cuerpo sin estar excitado, que sentí todos sus huesos al ponerme sobre su diminuto y flaco cuerpo, sintiendo nauseas tratando de guardar un papel que intentaba esconder, ya ni siquiera me ayudaba pensar en la modelo de tallas grandes Tess, aquello, tener mi cuerpo de más de cien kilos sobre cuarenta y nueve de puro hueso ya no engañaba a mi imaginación. Mi loquero me lo decía, me lo puso mi capitán, viendo que algo me pasaba y casi mato a aquel tipo en la primera sesión. Bajo mi mirada hasta mi entrepierna, apretando mi ceño, furioso de recordar a una de las mujeres más hermosas del planeta, sintiendo nada más que el dulce del azúcar en mis labios y el amargor del café que me estoy tomando de postre, mi polla se puso completamente flácida al deslizarme en su interior, pero ella no debió sentirlo, normalmente me mide veinticinco centímetros dura, lo que supongo que serán trece o así flácida, por lo que ella igualmente se corrió. Llevo sin follar varios meses, masturbarme es otra cosa, no puedo seguir negándomelo, me gustan las mujeres regordetas y me la suda lo que piense el jodido mundo.

 

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09 – La Zorra que hay en Mi

En aquella celda de oro hacia fresco si no mantenía encendido el fuego, aunque ya no lo hacía y mis opresores lo tenían que hacer. Soy humana y puedo enfermar y aún peor, puedo tratar de huir de donde estoy encerrada, podría decir que es una habitación de mierda, llena de humedad y con un váter lleno de suciedad en el que tenía que hacer todas mis necesidades. Pero no, el cuarto de baño era impresionante, lo limpiaban cada vez que me bañaba o hacia mis necesidades, debía de haber una persona tras la puerta que había más allá, cerrada siempre con llave, igual que el enorme vestidor en el que nunca podía entrar, mientras me duchaba ponían la ropa que deseaban que me pusiera sobre algún lugar del cuarto de baño y la temperatura subía considerablemente. En el dormitorio tenía una impresionante cama de dos por dos, con un colchón comodísimo y una quinta funda nórdica de plumas de ganso que seguramente también quemaría pronto, sin importarme que todo a mi alrededor saliera ardiendo conmigo, el suelo estaba enmoquetado, de un tono crema que limpiaban una vez en semana varias mujeres mientras a mí se me permitía que permaneciera fuera con alguno de mis amos o con todos ellos, si, en un patio trasero hermoso, pudiendo tomar el sol, si es que había. Tuve que salir de mis pensamientos y dejarme caer al suelo, sobre mis rodillas y mis manos, mirando al suelo, abriéndome todo lo que pudiera de piernas, hasta sentir que mis muslos ardían. Pero el ruido de la puerta solamente fue de alguien que seguramente bebido, drogado o perdido por los pasillos de aquel lugar se había dejado caer contra ella, suspiré no muy tranquila, volviendo a levantarme, cada segundo que pasaba iba en mi contra para tener delante de mí a mis cuatro amos. Dejé a mis piernas moverse, llevándome a mí misma hasta el balcón de forja antiguo con cristales de seguridad, por el que podía ver la ciudad, echaba de menos poder ir a cualquier sitio, sentarme a comer en una silla o en un sofá, estar sola un día entero. Pero desde la última vez que conseguí estar sola un día entero, en el que corté mis venas y me pillaron en mi último aliento no lo consigo, directamente voy con ellos a cualquier sitio que tenga que tenerlos más de un día sin mi presencia, parecería que pudiera escapar en esas salidas con ellos, lo había intentado todas las veces, pero no lo había conseguido, ya nada me servía, solo tenía un propósito allí y me estaba consumiendo. El ruido de los gemidos, golpes, cadenas y catres de aquél maldito lugar se iba intensificando, ya debían de ser las ocho de la noche, yo quería sonreír, lo hice con las lágrimas empapando mis ojos, había llovido y ahora simplemente estaba la típica niebla que te empapa sobre la ciudad. Entonces el ruido de la puerta si se escuchó y yo me volví, lanzándome al suelo, haciendo mi mandato de cada noche, golpeando con mi rostro el aro de hierro que tenía en el centro de mi cuello, sujeto a mi cadena de cuero, el tiempo se detuvo para mí. Sintiendo las lágrimas empapar mis ojos, varias manos suaves y grandes recorrieron mi espalda, incluso sus labios me rozaron la carne, no hice nada para impedirlo, sería peor, ya lo intenté y acabe siendo casi devorada por sus voraces bocas. Pude escuchar como cada día el ruido de un carro con la cena, una de sus empleadas siempre los seguía, colocaba la mesa, se alejaba de allí y después las palabras claras de uno de ellos, los cambiantes pelirrojos que me mantenían encerrada en aquel lugar me hacían reaccionar.
•Vamos humana, ven a tu sitio a comer.

 

Saray Gil Diaz – Serie Sumisas

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